Todo comenzó en septiembre,...bueno, en realidad mucho antes, justo en el momento en el que el personaje de
Mara Saldaña Pinto se cruzó en mi camino dispuesta a hacerme partícipe de un sueño que se convirtió en una historia, y posteriormente en un libro que salió a la luz bajo el título de '
Nivaria'.
En esta aventura compartida he tenido la gran suerte de experimentar multitud de vivencias, la mayoría buenas, otras menos gratas aunque igualmente enriquecedoras en la manera en la que uno mismo es capaz de asumir lo negativo para transformarlo en algo positivo.
Han sido siete meses maratonianos en los que he sido autor, agente literario, promotor, publicista, relaciones públicas o director de marketing entre otras funciones, pero sobre todo un individuo decidido a no dejar de soñar y luchar con indiferencia de hasta dónde nos lleve -y hablo por supuesto de mi "niña" literaria-.
A nivel privado me quedo con todo el bagaje humano que me llevo de cada situación y que cada día va aumentando conforme se multiplican las presentaciones, los encuentros, las entrevistas, porque en todos hay una inmensa carga personal. Seres que apuestan por ti desde un principio como la gran Verónica Forqué o el incombustible Santi Rodríguez, y otros tantos anónimos que desde el minuto cero han creído en mí como escritor, multitud de nombres que resultaría muy largo enumerar -ellas y ellos saben bien quiénes son-, nombres con una historia detrás, con un cariño que nunca podría olvidar por tanto que me han ofrecido y que me siguen ofreciendo desde Blogs Literarios, Twitter, Facebook, personalmente, a través de mail, etc.
Mi corto recorrido como escritor público está marcado principalmente por recuerdos dulces, por bellas sensaciones que te quedan tatuadas en el alma para el resto de la vida, un alud de sentimientos y buenas vibraciones que se empeñan en inundar tus pensamientos a cada instante. Es como una dinamo del corazón que te anima a continuar, a no parar bajo ninguna circunstancia.
El caso más reciente de esto que trato de explicar ha sido durante mi visita a Azuqueca de Henares (Guadalajara) con motivo de la presentación de mi novela dentro del programa cultural promovido por la Biblioteca "Almudena Grandes" en colaboración con su Ayuntamiento en el que se apadrinan a autores noveles. Pues bien, fui uno de los afortunados, y tras este encuentro no dudo que el destino se ha portado muy bien conmigo, más quizás de lo que me merezco.
He de reconocer que desde que me confirmaron mi asistencia he sentido un palpable temor al día en cuestión pues aunque es algo por lo que todos los escritores deberían pasar, noveles o no, es evidente que uno nunca termina de estar preparado del todo para la explosión de sinceridad, honesta y constructiva, detonada por las lectoras y lectores ávidos de conocer la visión del padre, de preguntar, de expresar. Cabe la posibilidad de que no todo lo que escuches sea como esperas, como pretendes o como te gustaría arrastrado por esa engañosa premisa de que la verdad duele, sin embargo no es cierto. Duele cuando sólo eres capaz de ver tu propia realidad, cuando la visión de tu trabajo como escritor se construye desde un único enfoque, cuando tu posición no es de igualdad con respecto a esas personas que han tenido la deferencia de escoger tu novela, de leerla, de comentarla y que además quieren saber más de ella. Son esas lectoras y lectores los que te aportan una visión fresca de tu libro, los que tienen la motivación de dar su granito de arena para ayudarte a mejorar, para hacerte ir un poco más allá, en definitiva, para crecer no sólo a nivel interno sino como escritor.
Estaba inquieto, un desasosiego que se dilató durante las horas previas al encuentro en las que tuve la oportunidad de conocer mejor a la directora de la Biblioteca,
Eva Ortiz, y a una colega -desde ya amiga-,
Mayte Esteban. Eva es una señora elegante, correcta, culta y acogedora, una de esas personas con las que te gustaría prolongar las conversaciones hasta la eternidad de lo bien que te hace sentir y las cosas interesantes que te relata. Por otro lado está Mayte, escritora que imprime en cada uno de sus escritos parte de la magia de la que está hecha ella misma, una madre y una hija ejemplar, y sobre todo una mujer dinámica, activa, ingeniosa, inteligente y llena de vida que transmite en cada mirada, cada sonrisa, cada mínimo gesto que le surge con la misma naturalidad que la caracteriza. También tuve la inmensa suerte de encontrarme con
Karol Scandiu, escritora con un interior tan hermoso, transparente y arrebatador como sus ojos o su expresión, alguien que derrocha ternura y a quien merece la pena tener cerca de ti como amiga.
Una vez llegada la hora, al entrar en el salón de actos, los nervios afloraron sin previo aviso apretando fuertemente la boca del estómago con la firme pretensión de quedarse. Algo que los presentes no permitieron pues nada más comenzar el turno de preguntas me hicieron sentir como parte de ellos, como de la familia, y eso me ayudó a recuperar mi estado habitual. Poco a poco, minuto a minuto, pregunta a pregunta, mi piel se iba impregnando de la fantástica energía que fluía en la sala, un calor que se desprendía de cada una de las personas que estaban allí sentadas y que me envolvía haciéndome sentir feliz, privilegiado por poder nutrirme de un feedback natural, sencillo, edificante y valioso que sólo consigues teniendo ese precioso contacto visual con tus lectoras y lectores.
Todo lo que respiré y percibí quedará en mí por siempre. El observar que mis queridas madrinas azudenses se habían emocionado con la historia de Mara, que se habían dejado atrapar por personajes como Jimena, Salim, William o Chloe, que querían saber más de ellos curiosas por adentrarse entre las bambalinas de la novela de la mano de su autor, eso no tiene precio. Son oportunidades que nadie debería ignorar ya que compartir esas dos horas con ellas de una manera tan maravillosa e intensa es lo que da sentido a esta locura de ser escritor, a todos los meses de infatigable trabajo, es el motor que hace que la maquinaria de tu creatividad funcione más, mejor y a pleno rendimiento agradecido por recibir tanto a todos los niveles. De hecho, ya les prometí que si hay un segundo libro tengo una cita ineludible con ellas en Azuqueca para seguir agradeciéndoles todo el cariño, el respeto, el aprecio y la calidez con la que me han acogido.
Gracias desde lo más profundo de mí a Mayte Esteban, a Eva Ortiz, a Sagrario -concejala del Ayuntamiento de Azuqueca quien hizo el esfuerzo de asistir incluso estando algo enferma-, a Karol Scandiu, a Fernando Simal -uno de esos twiteros de los que sólo recibo cariño y apoyo-, al personal de la Biblioteca "Almudena Grandes" que tan bien me trataron, a todos los vecinos que se acercaron al encuentro y por supuesto a mi Club de Lectura favorito, a mis Madrinas a las que espero no defraudar porque sin duda me han ayudado a crecer como ser humano y como escritor.